De la emergencia sanitaria a la emergencia climática. Lecciones a aprender.

 

 

 

Rafa Arnau

Comunicador y divulgador ambiental
Director CHEGRANA

 

En todos los manuales de dirección de proyectos hay un apartado denominado “lecciones aprendidas” que trata del conocimiento adquirido durante un proyecto para poder abordar mejor los procesos futuros.

En cambio, nos encontramos ante una lamentable situación de emergencia sanitaria, causada por el Covid 19, en la que, a pesar de disponer de información previa, tanto científica como por experiencias previas, estamos siendo víctimas del negligente retraso en la adopción de medidas, por parte de las diversas autoridades nacionales e internacionales. Y esto, nos lleva a pensar en que debemos aprender de esos errores y lecciones para no repetirlos en una lucha contra el cambio climático que frene a la continua degradación medioambiental del planeta.

Estamos pasando un tremendo calvario como sociedad, derivado del coronavirus, fundamentalmente por la magnitud en el número de muertes que está causando. A esto, le tenemos que añadir los efectos económicos que a corto plazo sufriremos. Pero las consecuencias de no atajar el cambio climático pueden ser mucho más devastadoras. Únicamente como referencia, se debe conocer que la contaminación ambiental provoca anualmente, a nivel europeo, 800.000 muertes. La situación en el resto del planeta no es más halagüeña: la cifra de muertes provocadas por la polución del aire se eleva a 8,8 millones de personas.

En todos los estudios publicados por la Organización Mundial de la Salud, y por el Grupo Inter­gubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU  (IPCC) se resaltan como rotundas señales físicas que nos alertan del cambio climático, sobre todo durante el año 2019, el intenso calentamiento de los océanos y de la Tierra,  las cifras de récord en el  aumento del nivel del mar, el descongelamiento de los mantos de hielo y los continuos fenómenos meteorológicos, como tormentas, sequías e inundaciones.

Disponemos de datos y mediciones científicamente contrastados de varios vectores climáticos:

  • Concentraciones sin precedentes de gases de efecto invernadero que han alcanzado nuevos valores máximos promediados a escala mundial. El dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O) han registrado incrementos del 147 %, 259 % y 123 %, respectivamente, respecto a la época preindustrial.

  • El 2019 fue el año más cálido del que se tienen datos desde que se realizan mediciones instrumentales. El quinquenio 2015-2019 comprende los cinco años más cálidos de los que se tiene constancia, y el período de 2010 a 2019 ha sido la década más cálida jamás registrada.

  • Los océanos absorben más del 90 % del exceso de energía que se acumula en el sistema climático como consecuencia del aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero. En 2019, el nivel medio del mar, a escala mundial, alcanzó el valor más elevado del que se tienen datos.

  • El acusado descenso del balance de masa de hielo total del manto de Groenlandia y perdida de hielo marino en el Ártico se confirmó en 2019.

  • En 2019, la actividad en cuanto a ciclones tropicales estuvo por encima de la media en todo el mundo. En el hemisferio norte se produjeron 72 ciclones tropicales. Por su parte, la temporada 2018/2019 en el hemisferio sur también superó los registros medios, al formarse 27 ciclones.

Los fenómenos meteorológicos extremos y la variabilidad en el clima figuran entre los factores más importantes con efectos en; la seguridad alimentaria mundial; desplazamientos migratorios por sequias; y climas extremos que afectan los cultivos y sus ciclos vegetativos, y por lo tanto, a la subsistencia de las comunidades que los sufren.

 

 

 

 

Las proyecciones de la OCDE demuestran que el 40% de la población, a nivel mundial, vivirá en cuencas hidrográficas con escasez de agua antes de 2050 y que el número de personas viviendo en zonas con riesgo de inundaciones, aumentará de los 1.200 millones de la actualidad a alrededor de 1.600 millones en 2050 (cerca del 20% de la población mundial).

La mayoría de los objetivos marcados que se han hecho hasta ahora, respecto al cambio climático, con el objetivo de conseguir la descarbonización de la economía y una sociedad neutra en emisiones de gases efecto invernadero son a mediano y largo plazo, fijando metas para años como el 2030 y 2050.  Eso significa, de manera inexorable, que las decisiones se tienen que adoptar con carácter inmediato, del mismo modo que la sociedad debemos iniciar el cambio en nuestros hábitos y cultura de consumo con el mismo carácter.

Debemos exigir el cumplimiento de los compromisos que proclama la Unión Europea y hacer que sea una realidad;  el suministro de energías renovables asequibles y seguras;  la movilización de la industria en pro de una economía limpia y circular; el desarrollo de mercados pioneros en productos climáticamente neutros; el “derecho a la reparación” que  ponga fin  a la obsolescencia programada de los productos; la renovación” de edificios públicos y privados con estrictos criterios de eficiencia energética; acelerar la transición a una movilidad sostenible e inteligente e idear un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente  que salvaguarde sectores básicos  como la agricultura  y  la pesca  para combatir el cambio climático y preservar la biodiversidad.

 Las medidas que se adopten en relación con el cambio climático no solo no están reñidas, sino que generarán desarrollo económico y empresarial con la consecuente creación de “empleo verde”. La ONU estima que se podrían generar 65 millones de empleos en el primer horizonte de 2030 con políticas que incentiven bajas emisiones de carbono. La Organización Internacional del Trabajo ha calculado una generación de 2,5 millones de nuevos empleos en electricidad basada en energías renovables, contra 400.000 que se pueden perder con el abandono de procesos que usen combustibles fósiles. Además, se propone la creación de 6 millones de puestos de trabajo con el fomento de la “economía circular” que incluye actividades como el reciclaje, reparación y recuperación de materias que actualmente se desechan en vertederos.

Pero solo podemos llegar a ese escenario en base a fomentar políticas y acciones de Formación, Educación Ambiental y Concienciación Ambiental   de carácter transversal. El objetivo es que alcance tanto el marco político, como sectores empresariales, y la sociedad civil en todas sus capas. Y de este modo, ganar espacios de reflexión sobre nuestra responsabilidad política, social e individual, que tenemos como autoridades, empresas y ciudadanos. Además de la necesidad de tomar medidas tendentes a un desarrollo de la sociedad más sostenible, no solo desde el punto de vista ambiental, sino también social y económico.

Mantengamos la esperanza de salir de esta cruel y desgarrada situación de emergencia sanitaria, además de con la máxima prontitud posible, como una sociedad más comprometida, cohesionada y solidaria y con los datos de que disponemos.

Con las lecciones aprendidas debemos fomentar y obligar con nuestras acciones a la adopción inmediata de políticas y comportamientos tendentes a combatir la emergencia climática, porque está ultima, por desgracia sabemos, que no tiene retroceso, es irreversible.

 

No nos podemos equivocar otra vez.

Por | 2020-04-06T09:38:41+00:00 lunes, 23 marzo, 2020|Consultoría Medioambiental|